Como se enteren los franceses….. dirán que también es doping…

El domingo, en el dominical salió un articulo sobre el amor y sus mecanismos, de como funcionan en nuestro cerebro…como siempre…. la física y la química.

Os paso unos recortes y algún comentario … personal ….

“Después de descodificar la bioquímica del amor –explica–, hemos constatado que hay cuatro tipos de sistemas cerebrales, según la sustancia que más se segrega, y que estarían ligados a personalidades distintas y tendrían un papel en el enamoramiento. Si una persona produce mucha dopamina, un neurotransmisor cerebral, tiene una personalidad exploradora, curiosa, energética; si produce mucha serotonina, otro neurotransmisor, tiene una personalidad que yo llamo de constructor, convencional, meticulosa; si produce mucha hormona testosterona, es lógica, con gran decisión, de esas personas que les gustan la ingeniería o las matemáticas, y si produce muchas hormonas estrógenos u oxitocina, es de personalidad negociadora, imaginativa, compasiva. Pues hemos observado que las personas que tienen una personalidad curiosa o una convencional tienden a enamorarse de alguien que sea como ellas; en cambio, quien tiene una personalidad donde domina la testosterona tiende a sentirse atraído por quienes expresan mayores niveles de estrógenos y viceversa”

Tanto soñar en el amor, vivirlo, escribir sobre él, llevarlo al cine, llorar por él, será difícil para muchos admitir que tiene menos de irracional de lo que se creía. Pero así es, aunque no deja de ser fascinante. Es pura magia… bioquímica. Al sentir amor, lo que se experimenta es una compleja reacción biológica. Aunque el amor lo condicionen factores psicológicos y sociales, se origina en unos mecanismos que se activan en el organismo, en que intervienen neurotransmisores cerebrales, hormonas, genes seguramente…

La ciencia va deconstruyendo el amor para comprender mejor al ser humano. Por qué María se enamoró de Santi y no de Luis, aunque les conoció a la vez y hasta los dos hombres guardan cierto parecido. “Hasta ahora, una de las grandes preguntas que no sabemos responder es esa, por qué uno se enamora de una persona y no de otra”, reconoce Helen Fisher, profesora en el departamento de Antropología de la Universidad Rutgers de Nueva York, aunque es más conocida como la antropóloga del amor, por los años que lleva dedicada a su estudio. Pues bien, Fisher cree que ha dado con alguna respuesta a esa incógnita.

“Después de descodificar la bioquímica del amor –explica–, hemos constatado que hay cuatro tipos de sistemas cerebrales, según la sustancia que más se segrega, y que estarían ligados a personalidades distintas y tendrían un papel en el enamoramiento. Si una persona produce mucha dopamina, un neurotransmisor cerebral, tiene una personalidad exploradora, curiosa, energética; si produce mucha serotonina, otro neurotransmisor, tiene una personalidad que yo llamo de constructor, convencional, meticulosa; si produce mucha hormona testosterona, es lógica, con gran decisión, de esas personas que les gustan la ingeniería o las matemáticas, y si produce muchas hormonas estrógenos u oxitocina, es de personalidad negociadora, imaginativa, compasiva. Pues hemos observado que las personas que tienen una personalidad curiosa o una convencional tienden a enamorarse de alguien que sea como ellas; en cambio, quien tiene una personalidad donde domina la testosterona tiende a sentirse atraído por quienes expresan mayores niveles de estrógenos y viceversa”. Habría tanta razón en aquello de que las personas suelen enamorarse de quien se les parece como en que los extremos se atraen.

Fisher aún trabaja en estos resultados, obtenidos al estudiar a miles de personas enamoradas con entrevistas y cuestionarios y medir su actividad cerebral mediante técnicas de neuroimagen (tomografías y resonancias magnéticas funcionales). Por ejemplo, se ha medido su reacción a un estímulo como ver la foto de la persona amada.

Esta base biológica de la personalidad y su papel en el enamoramiento, campo en el que Fisher se ha volcado en los últimos tres años, le ha abierto, dice, otra puerta: la genética del amor, un ámbito en el que apenas se ha profundizado. “Probablemente, hay razones genéticas, que aún no conocemos –al menos el 50% de lo que somos y hacemos es genético–, por las que, según cuál sea tu personalidad, eliges a alguien del mismo u otro tipo de personalidad”, dice la antropóloga. Habría, subraya, una determinación biológica en enamorarse de una u otra persona, además de los factores que se habían considerado hasta ahora: aspectos psicológicos, la atracción visual, compartir unos valores y una cultura o tener un nivel de inteligencia y socioeconómico similar.

El psicólogo social Arthur Aron, de la Universidad de Nueva York-Stony Brook, también cree que la genética tiene mucho que decir en el amor. Aron y Fisher han colaborado en los últimos años en diversos estudios, junto a la neurobióloga Lucy Brown y otros investigadores. En el 2005 firmaron una investigación, publicada por la Sociedad Americana de Fisiología, que detalló por primera vez qué experimenta una persona en su cerebro cuando se enamora, es decir, los sistemas cerebrales del enamoramiento. Los hicieron visibles gracias a la neuroimagen.

“Hay diferentes sistemas cerebrales que se activan, por separado y compartiendo algunas áreas, para el sexo, el enamoramiento y el amor duradero, y entendemos ya esos circuitos básicos”, explica Helen Fisher. El deseo sexual se activa por las hormonas sexuales(testosterona y estrógenos) y sobre todo en regiones del cerebro como el hipotálamo y laamígdala. Es un mecanismo más primario que el del amor y menos coincidente con él de lo que se pudiera creer.

En el enamoramiento, el estudio de los investigadores norteamericanos evidenció que se activa sobre todo una zona cerebral (área ventral tegmental, en la región subcortical) que segrega dopamina, el neurotransmisor cerebral que rige el placer. Además, las resonancias magnéticas funcionales mostraron que al ver la persona una foto de su enamorado, aumentaba mucho la actividad de uno de los sistemas cerebrales que funcionan con la dopamina, el de recompensa, intencionalidad, motivación para conseguir algo.

 Aunque intervengan emociones (esa motivación origina euforia o ansiedad) y conductas, a nivel neurológico, el amor no es una emoción sino una motivación, sostiene Aron. Ese mecanismo de gratificación que se activa en el enamoramiento está por debajo de los sistemas cognitivos y emocionales en el cerebro, regula comportamientos de supervivencia como los que responden a la necesidad de comida o los que también se ha visto que actúan en un toxicómano ante el deseo de consumir cocaína. En el amor, sería unsistema primario de búsqueda de pareja.
Un rasgo de ese mecanismo de apareamiento común en diversas especies animales es una fuerte y rápida atracción inicial (en algunos estudios se ha visto que se activan también en animales los circuitos de la dopamina o de un factor de crecimiento nervioso) que en las personas sería lo que se llama amor a primera vista.

Pero la sofisticación del amor humano es enorme. Siempre se ha discutido, por ejemplo, si el encendido amor inicial puede durar. La teoría más extendida es que con el tiempo pierde intensidad y la pareja comparte más un afecto, un acompañamiento, unos intereses… Se pone a menudo fecha de caducidad a ese amor inicial. Freud consideraba, incluso, que si perduraba era signo de patología.

Un estudio de Bianca Acevedo, neurocientífica de la Universidad Cornell de Nueva York, con Aron (de quien fue discípula), Fisher y Brown, desveló en el 2009 el tercer mecanismo del amor tras el sexual y el enamoramiento: el del amor duradero. Y no dejó de sorprender porque mostró que el amor inicial puede perdurar.

La oxitocina, llamada hormona del amor, se segrega en gran cantidad en el acto sexual y en el parto, momentos en los que se establece un lazo intenso con otra persona. Los mecanismos cerebrales del amor duradero coinciden en parte con los que se activan en el amor hacia los hijos. Otro de los destacados neurobiólogos que han estudiado el amor, Semir Zeki, del Colegio Universitario de Londres, comprobó, además, que tanto en el amor romántico como en el maternal se inhibe la actividad en el área cortical del cerebro donde radican el juicio y el razonamiento, lo que explica aquella consideración popular de que a veces el amor es ciego.

Si se conoce la fórmula química del amor, cabe pensar si no se comercializará a no tardar una píldora del amor. Algunos psicólogos y neurobiólogos ya lo han apuntado y, de hecho, se comercializa una supuesta oxitocina, aunque no están probados sus efectos. Ni Fisher ni Aron, por ejemplo, creen que se vaya a comercializar una píldora del amor; aunque fuera posible reproducir artificialmente la fórmula química (igual que hay drogas que alteran diferentes puntos del cerebro o fármacos para modular la producción de serotonina o de hormonas) y hasta pudiera ser útil para terapias contra la depresión o para problemas de pareja.

Conclusiones
A ver…. si los franceses se enteran seguro que en el guiñol salimos…… de todas formas…. eso de la pastillita…combinado con viagra y un red bull…. jo… éxito asegurado.
En fin….mientras Matrix no sea  una realidad….

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